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«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn, 14:6)

Hoy es Jueves Santo, es nuestra Estación de Penitencia. Cada hermano de nuestra Hermandad y Cofradía revive tradiciones y devociones que sólo son realidad un día, una noche al año. En este contexto mundial y general tan difícil, plagado de buscar experiencias nuevas y rápidas, incluso de forma compulsiva, ser nazarenos de fe nos obliga a que esta Estación de Penitencia sea solo una repetición de formas o costumbres, vividas en la familia o los amigos dentro del seno de la Hermandad. Nos tiene que conducir a estar abiertos a la experiencia de Dios, que con él lleva, nada más y nada menos que la novedad del Espíritu Santo.

Esta noche tan especial nos facilita caminar hacia el Gólgota detrás de Nuestro Padre Jesús Nazareno, abrazados a su cruz, a nuestras faltas y pecados, fruto de nuestros compromisos, de nuestros errores y de nuestras heridas. Este es el día que cada año se repite como una ocasión sin igual donde el Señor nos regala el experimentar junto a Él que pese al dolor la carga será llevadera.

Ese dolor y el peso del mismo, el que nos carga en el día a día permite al Nazareno recordarnos que al llevarlo junto a Él todo cobra sentido. En un contexto de desesperanza encontrar ese sentido nos permite darle ese agradecimiento eterno.

El antifaz morado nos sumergirá en ese silencio especial y, a pesar de estar en la calle donde el gentío se agolpará viendo a nuestros venerados titulares, esa será nuestra verdadera coraza ante el ruido. En ese silencio que nos proporciona nuestra túnica y antifaz entraremos a Santa María de las Virtudes para abrir nuestro corazón de par en par a esa mirada eterna de Ellos.

Aquellos que ya lo hicieron enviados por Juan El Bautista permanecieron junto a Él. Caminar por tanto tras el Nazareno nos sumergirá en la confianza de que aquel que ama a Dios tiene el regalo de que podrá servir a todos, unirnos a Él y vivirlo nos permitirá que Él viva en nuestros corazones.

En esta noche, donde el Espíritu Santo recae sobre todos y cada uno de los nazarenos, aunque todo parezca inmutable y como siempre, demuestra que esa tradición es la herramienta de la que el Nazareno se sirve para movernos a una conversión donde el ir tras él cambiará nuestras vidas.

El Jueves Santo, la Pasión de Cristo no es más que el camino de la Pascua, tras su muerte está la Gloria.

Feliz Estación de Penitencia tras Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores y que ellos os llenen de gracia y paz.