Cinco siglos de devoción a Jesús Nazareno en Villamartín

La historia de la Real e Ilustre Hermandad de Nazarenos, Antigua y Venerable Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores está profundamente vinculada a la historia religiosa y cofrade de Villamartín.

La documentación histórica conservada permite situar sus orígenes en el año 1525, con la fundación de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús por Martín Álvarez de Bohorques en la iglesia de Santa María de las Virtudes. Desde entonces, y a través de diferentes épocas, denominaciones, reglas y adaptaciones a la legislación civil y canónica, se desarrolla una tradición de culto y devoción que llega hasta la actual Hermandad.

Los orígenes: la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús

En el siglo XVI la devoción al Dulce Nombre de Jesús experimentó una importante expansión por Andalucía. Las cofradías dedicadas a esta advocación tenían entre sus principales fines la veneración del Nombre de Jesús, la formación cristiana de sus hermanos, la celebración de cultos y la práctica de la penitencia.

En Villamartín, esta devoción queda documentada desde 1525. Las disposiciones sinodales de la Archidiócesis de Sevilla, especialmente las promulgadas entre 1572 y 1575, contribuyeron a regular la vida de estas corporaciones. Entre sus prácticas se encontraban la celebración de la fiesta del Nombre de Jesús, la procesión y las manifestaciones públicas de fe. La Cofradía de Villamartín participó de esta tradición, manteniendo el culto al Dulce Nombre y desarrollando progresivamente una dimensión penitencial que tendría una importancia fundamental en su posterior evolución.

Del Dulce Nombre a Jesús Nazareno

Durante los siglos XVI y XVII se produce una evolución en la devoción y en la representación de Jesucristo. El culto al Dulce Nombre fue adquiriendo una especial vinculación con la imagen de Cristo portando la cruz camino del Calvario. La documentación conservada ofrece testimonios especialmente relevantes de este proceso.

En 1596 aparece documentada la intervención del escultor Juan Martínez Montañés en relación con una imagen del Dulce Nombre destinada a la Cofradía de Villamartín. Pocos años después, en 1620, un documento testamentario recoge el encargo de una imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno con la cruz.

Y en 1622 se documenta el concierto realizado por el mayordomo de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús con el escultor Francisco de Ocampo para la realización de una imagen de Cristo con la cruz. Esta documentación constituye uno de los testimonios fundamentales para comprender la consolidación de la devoción a Jesús Nazareno en Villamartín.

Durante el siglo XVII aparecen igualmente diferentes referencias a las procesiones de Jesús Nazareno, especialmente relacionadas con la celebración de la Semana Santa y las procesiones penitenciales. La antigua Cofradía del Dulce Nombre se encontraba así plenamente vinculada a la devoción que posteriormente identificaría a la actual Hermandad.

La devoción a lo largo del siglo XVIII

Durante el siglo XVIII la corporación continuó desarrollando su actividad religiosa y penitencial, al mismo tiempo que las autoridades civiles y eclesiásticas establecieron nuevas normas para el funcionamiento de las hermandades.

La documentación de finales del siglo XVIII resulta especialmente valiosa. Las reglas remitidas en 1798 al Real Consejo de Castilla y los inventarios realizados posteriormente permiten conocer la organización y el importante patrimonio que poseía la corporación.

Entre sus bienes aparecen elementos vinculados directamente al culto de Jesús Nazareno, como la cruz procesional, las potencias, la corona de espinas y una túnica de terciopelo bordada en oro, además de otros bienes destinados a las celebraciones religiosas.

Estos documentos muestran que la devoción no solo permanecía viva, sino que la corporación mantenía una estructura organizada y un patrimonio propio transmitido a lo largo del tiempo.

El siglo XIX y la memoria de los orígenes

Durante el siglo XIX continúa documentándose la actividad de la corporación y su presencia en la vida religiosa de Villamartín. Especial relevancia tiene un documento fechado el 23 de mayo de 1854, firmado por el padre Francisco Pastor, director de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús. En él se afirma que, aunque la corporación no conservaba los documentos originales de su creación debido a las vicisitudes sufridas por los archivos, tanto el archivo parroquial como la escribanía de la villa conservaban documentación que acreditaba su fundación en 1525 por Martín Álvarez de Bohorques.

Este testimonio resulta especialmente significativo porque, a mediados del siglo XIX, la propia corporación mantenía viva la memoria de su origen y reconocía documentalmente su vinculación con aquella fundación del siglo XVI.

Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores

Con el paso del tiempo, la devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno se consolidó como eje principal de la corporación. A ella se incorporó posteriormente el culto a María Santísima de los Dolores, cuya presencia quedó definitivamente integrada en la identidad de la Hermandad. La documentación del siglo XX permite seguir esta evolución. Los inventarios parroquiales de 1909, 1918 y 1938 describen la Capilla de Nuestro Padre Jesús y recogen la presencia de las imágenes de Jesús Nazareno, María Santísima de los Dolores y el Niño Jesús, así como numerosos elementos del patrimonio de la corporación.

En 1923 se aprobaron las correspondientes reglas canónicas, en las que ya aparece formalmente la corporación bajo las advocaciones de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores. Especialmente significativo es que aquellas reglas mantienen la referencia al Dulce Nombre de Jesús como parte de la memoria y antigüedad de la corporación.

Las reglas de 1978 y la continuidad histórica

Las reglas canónicas aprobadas en 1978 vuelven a recoger expresamente la tradición histórica de la Hermandad. En su introducción se señala que la corporación estaba establecida en la parroquia desde comienzos del siglo XVI y que anteriormente había sido denominada Hermandad del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, incorporándose posteriormente Nuestra Señora de los Dolores como titular.

Estas referencias constituyen un elemento especialmente importante para comprender cómo la propia Hermandad ha entendido históricamente su origen y evolución. Las sucesivas adaptaciones de sus reglas a la normativa canónica han permitido que la institución continúe desarrollando su misión religiosa y cofrade hasta nuestros días.

Un patrimonio que también cuenta nuestra historia

La continuidad de la Hermandad no se encuentra únicamente en los documentos. También puede contemplarse en su patrimonio. A lo largo de los siglos, la corporación ha conservado y transmitido bienes vinculados a diferentes momentos de su historia. Entre ellos destacan elementos relacionados con el culto a Nuestro Padre Jesús Nazareno, como las potencias, la corona de espinas, la cruz procesional y antiguas piezas textiles.

Del mismo modo, el patrimonio de María Santísima de los Dolores conserva elementos de los siglos XVIII y XIX, entre ellos piezas de orfebrería, manto, saya y elementos del antiguo paso de palio. Este patrimonio constituye un auténtico testimonio material de la historia de la Hermandad y del esfuerzo realizado por generaciones de hermanos para conservarlo y transmitirlo.

La Capilla y la conservación del legado

La actual Capilla del Sagrario, históricamente vinculada al culto de Jesús y conocida durante diferentes épocas como Capilla del Dulce Nombre o de Jesús Nazareno, ha sido durante siglos uno de los principales espacios de referencia de la corporación. Los inventarios parroquiales del siglo XX muestran las sucesivas intervenciones y mejoras realizadas en ella, así como la preocupación constante por conservar dignamente las imágenes y los bienes destinados al culto.

La Hermandad ha mantenido igualmente a lo largo del tiempo un compromiso con la conservación de sus titulares y de su patrimonio, realizando diferentes actuaciones de restauración y mantenimiento.

Una historia que continúa

La documentación estudiada permite contemplar la historia de la Hermandad como un largo proceso de continuidad, evolución y adaptación. Desde la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús documentada en 1525, pasando por su desarrollo durante los siglos XVI y XVII, la consolidación de la devoción a Jesús Nazareno, las regulaciones del siglo XVIII, el reconocimiento de su antigüedad en el siglo XIX y las sucesivas reglas canónicas de los siglos XX y XXI, existe una línea histórica que llega hasta la Hermandad actual.

No se trata únicamente de una sucesión de fechas y documentos. Es la historia de generaciones de hombres y mujeres de la Hermandad que han mantenido viva una misma devoción y han transmitido de padres a hijos el culto a Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores.

1525–2025: cinco siglos de historia

Cinco siglos después de aquel origen documentado, la Hermandad continúa formando parte esencial de la vida religiosa y cofrade de Villamartín. La historia recibida constituye un legado que pertenece a todos los hermanos y que debe ser conservado, estudiado y transmitido a las generaciones futuras.

La actual Hermandad es heredera de una tradición que hunde sus raíces en el siglo XVI y que ha sabido adaptarse a los diferentes tiempos sin perder el centro de su identidad: la fe en Jesucristo, la devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno y el amparo de María Santísima de los Dolores.

Por ello, recordar nuestra historia no es solamente mirar al pasado. Es reconocer de dónde venimos, comprender quiénes somos y asumir la responsabilidad de continuar una tradición que, durante cinco siglos, ha formado parte de la historia de Villamartín.