Regresaron los antiguos nazarenos con su Hermandad y Cofradía a caminar sobre las calles de su villa, determinados un año más, a vivir su devoción, amor y cariño a sus venerados Titulares, acompañados de familiares, amigos y vecinos todos, que con silencio y respeto volvieron a reconocer y venerar a esta centenaria Institución.
En silencio y sin otra forma distinta de la que es. Noche de Jueves Santo, singular y especial donde las haya para tantos y tantos herman@s que de una manera diferente, propia y particular se conjuntan tiñendo de morado las calles de nuestro Villamartín.

El tiempo se detiene. Amanecer un Jueves Santo significa y conlleva algo muy especial. La visita a nuestros venerados Titulares se hace obligatoria. Así, sin más. Rodearles, mirarles y poner en sus manos todos los anhelos se hacen una sola cosa.

El “Angelus” abre el Jueves Santo. El olor a Azahar camino de la parroquia, la claridad de la media mañana. Ofrenda Floral, corazón teñido de morado y niños con sus ramos para ponerlos a los pies de los Titulares. Sencillo, especial, único. Nazarenos rodeando a sus titulares, abrazo de todos a quienes dedicaron su esfuerzo a embellecer nuestra estación de penitencia. Presencia institucional que alarga más en el tiempo el respeto y el reconocimiento de todos a esta vetusta hermandad que ha recorrido de la mano desde su fundación la vida de Villamartín.

Todos, Los que están, los que regresan, los que permanecen, los que a corazón abierto se colocan la dalmática, la faja, el antifaz. Los que agarran su cirio en mano, su insignia, su trabajadera, bajo un solo sentimiento y deseo: honrar a Nuestro Padre Jesús Nazareno y a María Santísima de los Dolores. Una noche más surcó el dintel de Santa María de las Virtudes Él, redentor del mundo y de todos, abrazado a su Cruz y a la mecida de sus hijos costaleros, todos convertidos en uno, piso con fuerza y de manera imponente las tablas, se aferró a su madero y rasgó el corazón de todos los que le contemplaron.


Luz, bambalinas…nube de incienso para que María Santísima de los Dolores atrapará el respirar de un pueblo que la esperaba. Simple, Esplendorosa, Dolorosa Madre de todos, merecedora del Palio Eterno de Villamartín, resplandor al son de notas musicales y sublime…siempre sublime pese a los Siete Puñales que atraviesan su corazón.
Respeto, Devoción, Amor y Entrega. Ahí radican los pilares de este centenario e inmemorial Cuerpo de Hermanos cada noche de Jueves Santo. Aliento cortado, lágrimas de amor que recorrieron los rostros y el orgullo
discreto, sincero y humilde de cada capirote morado por su Hermandad y Cofradía.
Jueves Santo: Sin más. Ni más espacio, ni mejor estampa. Noche y Madrugada, Amor y Devoción, Cariño y Entrega…Así sea Siempre.
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